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"En la villa de Fuente de Cantos, a siete días del mes de noviembre
de 1598, el señor Diego Martínez, cura de dicha villa, bautizó
a un hijo de Luis de Zurbarán y de su mujer Isabel Márquez...El
niño ha recibido el nombre de Francisco".
Esta es la partida de bautismo del famoso pintor, que nació en
un pequeño pueblo de Badajoz. Francisco de Zurbarán recibió
las aguas bautismales en la iglesia de Nuestra Señora de la Granada
en Fuente de Cantos, el día 7 de noviembre. Este manuscrito es
también la primera noticia conocida del famoso artista, pues hasta
la fecha no ha aparecido ningún legajo donde figure el día
de su nacimiento.
Su padre, Luis de Zurbarán, un tendero y comerciante de especias,
pide a su amigo el sevillano Pedro Delgueta Rebolledo que introduzca a
su hijo en el taller de algún pintor de la ciudad de la Giralda,
aunque se sospecha que antes pudo haber estudiado con un discípulo
de Luis Morales en Badajoz. Al mes siguiente, en enero de 1614, comienza
su aprendizaje, que dura tres años, con Pedro Díaz de Villanueva
en Sevilla. El contrato entre ambas partes incluía, además
de las clases de pintura, alojamiento y comida.
En este período, es posible que frecuentase el taller de Herrera
el viejo y del maestro y futuro suegro de Velázquez, Francisco
Pacheco. Zurbarán pudo conocer a Alonso Cano y a Velázquez
en dicho taller. Mientras que respecto al primero no se tienen datos de
que entablasen ninguna relación en esos años, parece que
con Velázquez surgió cierta amistad, incluso se dice que
pintaron juntos. El contacto entre ambos se interrumpe cuando en 1617
Zurbarán se establece en el pueblo extremeño de Llerena,
cercano a Fuente de Cantos, y se casa en el mes de mayo con una mujer
nueve años mayor llamada María Páez de Silices, hija
de un zapatero.
A principios del año siguiente nace su primera hija, María.
Su segundo hijo, Juan, que también va a ser pintor, nace en julio
de 1620 y el tercer y último descendiente de este matrimonio es
una niña llamada Isabel Paula, que es bautizada en julio de 1623.
Sin embargo, a la par de la buena nueva, el artista pierde a su esposa,
posiblemente, a causa del parto.
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Visión
de San Pedro Nolasco, 1629. |
Tras
dos años de soledad, se casa con una viuda de familia noble de
Llerena, unos diez años mayor que él, llamada Beatriz de
Morales. Parece que la nueva pareja tuvo una hija, a la que llamaron Jerónima,
que debió morir a los pocos días.
La
invitación de Sevilla
Las relaciones
del artista con Sevilla se mantienen como se deduce del encargo de veintiún
cuadros del prior del convento dominico de San Pablo del Real en 1626.
Este parece el punto de partida de un gran número de encargos de
diferentes órdenes religiosas. Este volumen de trabajo le obliga
a desplazarse junto con sus colaboradores a Sevilla en 1628.
Sin embargo hasta el año siguiente Zurbarán no se establece
definitivamente en esta capital andaluza con su segunda mujer y sus tres
hijos. La calle donde habitan se llama el Callejón del Alcázar.
La razón de este traslado se debe a una invitación que el
propio Ayuntamiento dirige al pintor extremeño en junio de 1629.
La Casa Consistorial le pide al pintor que se establezca en Sevilla para
poder trabajar para la ciudad. Esta inusual rogativa le permite al artista
vivir y pintar en Sevilla sin pasar el examen obligatorio para todo aquél
que desee ejercer el arte de la pintura en esta ciudad.
La polémica estalla en mayo de 1630 cuando la corporación
sevillana de pintores, entre ellos figura Alonso Cano, exige al Ayuntamiento
que el extremeño se someta al examen tradicional que se realiza
a los pintores foráneos en un plazo no superior a tres días.
El artista extremeño argumenta al día siguiente en un comunicado
escrito al Ayuntamiento con inteligencia y mucha habilidad que el motivo
por el cuál los pintores son examinados es para evitar que hombres
ignorantes ejecuten cuadros. Zurbarán, sin embargo, contaba con
la aprobación de varios miembros de la Casa Consistorial y en la
petición de junio de 1629, los concejales definían al pintor
como "hombre insigne", por tanto, no se le podía considerar
ignorante y no había necesidad para realizar tal prueba.
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La
casa de Nazareht, 1630. |
El día
29, Alonso Cano volvió a insistir en nombre de todos los pintores
de la ciudad sobre la necesidad de que Zurbarán se examinase. El
Ayuntamiento rechaza la propuesta y encarga al pintor extremeño
una Inmaculada Concepción para la Casa Consistorial como prueba
de apoyo al artista.
Pintor
del Rey
El esfuerzo
dedicado a su trabajo recibe respuesta desde Madrid. Parece ser que el
valido del rey Felipe IV, el conde-duque de Olivares, manda llamar al
pintor extremeño, aconsejado por Velázquez a mediados de
1634.
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San
Hugo de Grenoble en el refectorio de la cartuja, 1633. |
En Madrid,
el artista pinta varios cuadros para el palacio del Buen Retiro, dos lienzos
de un ciclo de batallas, diez de las Fuerzas de Hércules y, quizás,
algún retrato. Seguramente es en estos años cuando Felipe
IV le nombra pintor de cámara. Sin embargo, el artista no se encuentra
cómodo en la Corte y decide retornar a Sevilla, donde le esperan
su mujer e hijos. Se ignora en que años decide volver a Andalucía,
pero se sabe con certeza que ha regresado a estas tierras en 1636.
Zurbarán acude a la boda de su primogénita María
con el valenciano José Gassó, de profesión marinero,
en la parroquia del Sagrario en marzo de 1638. La dote de la joven es
de 2.000 ducados, una cantidad importante que refleja una economía
acomodada, pues en esta segunda etapa sevillana, el artista recibe muchos
encargos. Incluso, puede permitirse el lujo de cambiar de residencia.
La familia vive ahora en régimen de alquiler en la calle del Rosario.
Sin embargo, la suerte se quebranta en el momento más brillante
de su carrera pictórica. El artista extremeño sufre un duro
golpe con la muerte de su segunda esposa en mayo de 1639. Unos meses más
tarde exige el dinero que se le debe de la venta de unas casas en la Plaza
Mayor de Llena, posiblemente propiedad de su difunta mujer. Su hija Paula
le reclama parte del dinero de esta venta.
A finales de la década de los treinta, el pintor envía cuadros
a las Américas, entre otras, a las ciudades de Lima, Buenos Aires,
México y Guatemala. Las relaciones con Sudamérica son continuas.
Sevilla era el puerto más importante de España precisamente
por el comercio que mantenía con las nuevas tierras descubiertas
y Zurbarán aprovechó está conexión, igual
que otros pintores de la época, para aceptar encargos de órdenes
situadas en el nuevo continente y también para vender al mejor
postor obras, generalmente, de peor calidad que las destinadas a las ciudades
españolas.
Su hijo Juan, pintor también, y como tal seguramente fuese uno
de los colaboradores del famoso artista español, se casa en agosto
de 1641 con Mariana de Cuadros, hija de un rico comerciante. Al año
siguiente, en 1642, alquila por dos años una casa fuera de la ciudad,
cerca de la Puerta Real. El pintor, a su vez, pone en alquiler la residencia
de la calle del Rosario, al doble del precio que él paga por su
nuevo alojamiento. Sin embargo, a pesar del margen de beneficios que obtiene
con esta operación, vuelve a vivir en esta última vivienda
en 1643.
Leonor,
tercera esposa
Zurbarán,
con 45 años, se vuelve a casar en la iglesia de la Magdalena en
febrero de 1644 con otra viuda, Leonor de Tordera. Esta mujer de 28 años
pertenece a una familia bien situada de plateros. Al año siguiente,
el pintor se traslada con su mujer a vivir a una zona señorial
de Sevilla, a la calle Borceguinería, situada detrás de
la catedral. Sin embargo, vuelve a cambiar de residencia y alquila otra
casa de propiedad real en el Alcázar Viejo en marzo de 1645.
En mayo de 1645, nace su hija Micaela Francisca, en abril del año
siguiente es bautizado José Antonio, igual que todos los demás
hijos de este matrimonio en la iglesia del Sagrario, y en febrero de 1648
le toca al turno a su hija Juana Micaela. No obstante parece que los tres
niños murieron muy pronto, pues no se vuelve a tener noticias de
ninguno de ellos.
La muerte también azota al único hijo de Zurbarán
que decide seguir los pasos del padre, Juan. El joven fallece en junio
de 1649 a causa de la terrible epidemia de peste que asoló la ciudad.
Zurbarán tiene otro hijo en abril de 1652, Marcos. En este mismo
año vuelve a cambiar de residencia y otra vez se sitúa cerca
de la catedral en un piso modesto, tras vender la anterior casa del Alcázar.
A finales del año siguiente bautizan a su hijo Eusebio. Justo unos
años después es bautizada la tercera hija de este matrimonio,
Agustina Florencia, que debió morir, como el resto de los niños,
a temprana edad.
El artista extremeño alquila en marzo de 1655 un horno de pan y
varias casas más. Estos continuos alquileres hacen suponer que
Zurbarán obtenía algún dinero añadido mediante
el subarrendamiento de estos pisos. Puede ser que el artista debido a
la competencia sufrida por pintores más jóvenes como Murillo
o por la peste que asoló la ciudad de Sevilla, y que lógicamente
produjo un descenso en los encargos pictóricos, se viese obligado
a obtener ganancias mediante otros métodos, además de la
pintura. En mayo realquila por dos años los pisos de la calle del
Sagrario y se traslada a la calle de Abades, donde aparece empadronado
con su mujer Leonor y una hija. El resto de la familia, excepto sus dos
hijas mayores, ya casadas, y esta niña, han muerto.
Muerte
en la corte
Es posible
que Zurbarán decidiese trasladarse a Madrid en 1658 para buscar
trabajo en la Corte y para declarar como testigo en la admisión
de Velázquez en la Orden de Santiago. Zurbarán asegura haber
conocido al pintor desde hace cuarenta años y también a
sus padres.
En Madrid,
realiza varias obras para un convento franciscano, otro de agustinas en
Alcalá de Henares, para el convento de San José de las carmelitas
descalzas de Madrid, y quizás, también, para el convento
de Atocha. Además se incluyen algunos trabajos para el Rey y encargos
particulares.
El año de su muerte, 1664, está relacionado con la tasación
de varias herencias. La necesidad de tener una fuente de ingresos adicional
a la pintura pudo ser la razón por la cual el artista decidió
realizar tan desagradable trabajo.
La primera tasación de 1664 es en febrero. Zurbarán valora
varios cuadros del escribano Francisco Frechel en Madrid. La segunda,
en julio, es del embajador polaco Francisco Bivoni y la última
es de Alonso de Santander y Mercado, que el artista extremeño no
llegó a verificar a causa de su propia muerte.
El pintor está enfermo y se encuentra postrado en la cama. El matrimonio
empeña varios utensilios de su vajilla de plata para poder curar
su enfermedad, que se desconoce cuál es.
Zurbarán fallece al día siguiente de dejar escrita su última
voluntad, el 27 de agosto de 1664. En su testamento expresa su deseo de
ser enterrado en la iglesia de los Recoletos Agustinos descalzos -destruida
en 1834 con motivo de la desamortización de Mendizábal y
seguramente profanado su sepulcro- y nombra herederas a las dos hijas
de su primer matrimonio, María y Paula, que son la única
descendencia que le sobrevive, pues la niña de su último
matrimonio y que les acompaña a Madrid, muere en esta ciudad aunque
se desconoce cuándo.
A pesar de que sus hijas son las herederas universales, el dinero que
el pintor deja a su muerte es para devolver a su esposa la dote de su
boda, que pese a la buena voluntad del pintor, no es suficiente.
No es de extrañar por tanto que el inventario del artista sea sencillo
y pobre. En este documento figuraban pocos muebles, algunos objetos y
humildes vestimentas: tres vestidos, una capa, dos sombreros, varios pares
de medias y pocos calzoncillos.
La evaluación final, incluidas pinturas y varios grabados, y sin
considerar el dinero que dejo a cobrar, rondó los 6.000 reales.
Zurbarán, uno de los grandes pintores españoles, murió
en un entorno económico poco equiparable a su altura artística.
Este
texto es una recopilación de la colección "Pinacoteca
Universal Multimedia",
F & G Editores, Madrid. |